El silogismo del diablo

Lo que antaño pudo haber sido interpretado como un sencillo lema de mercaderes, un poema de bienvenida, o un simple refrán para estimular la fraternidad y el buen juicio en los negocios, se ha desvelado, finalmente como una oración en tres partes, un silogismo que, al ser pronunciado, sitúa cualquier transacción mercantil de inmediato bajo las alas protectoras del Enemigo.

Ahora que la filosofía ya no será enseñada a los que habrán de ser los próximos bachilleres, cabe decir que, a menos de empeñarse mucho, hay grandes probabilidades de que nadie encuentre este artículo en google nunca más, salvo que se sumerja en esas profundidades abisales que van de la tercera página de resultados en adelante.

Silogismo. Qué bonito nombre tienes. Sin ti, ni Tomás el Santo, ni el impío de Marx habrían llegado a ningún lugar reconocible. Y sin embargo, cuenta la leyenda que bajo las ruinas del templo de Jerusalén -arrasado en el año 70 de la era cristiana- un equipo de arqueólogos ha conseguido encontrar los vestigios de aquella desbandada de chiringuitos que provocó Jesús de Nazareth cuando expulsó a latigazos a los mercaderes. En las que podríamos llamar las catacumbas del marketing salió a la luz un fragmento de la colosal piedra que coronaba el dintel de aquel retail profano.

Gracias a estar inscrito, como la piedra de Rosetta, en varios idiomas, algunos de ellos ya perdidos, los arqueólogos consiguieron descifrar las tres líneas fundamentales del mercado y, encontraron, así, el origen de todo el devenir de la ambición de occidente.

Las líneas convergían todas ellas en un símbolo extraño, que nada tenía que ver ni con las siglas de la autoridad romana ni con las firmas habituales del Sanedrín hebreo. Tras enviar el hallazgo al archivo del museo de historia antigua de Londres, finalmente, y gracias a la concurrencia de expertos en la lectura cabalística, se descifró aquella signatura como una de las mil formas en clave que adopta cada uno de los siete nombres del diablo.

A la luz de este descubrimiento, lo que antaño pudo haber sido interpretado como un sencillo lema de mercaderes, un poema de bienvenida, o un simple refrán para estimular la fraternidad y el buen juicio en los negocios, se desveló, finalmente como una oración en tres partes, un silogismo que, al ser pronunciado, situaba cualquier transacción mercantil de inmediato bajo las alas protectoras del Enemigo.

Como todo silogismo, cada línea por sí sola no muestra el sentido completo y no es hasta que se unen las tres que la idea alcanza su dimensión absoluta. Ahora que nadie aprenderá a descifrar la fórmula básica del silogismo, que ni los escolásticos ni los dialécticos tendrán ya oportunidad de volver a ser reconocibles por las siguientes generaciones, dejo aquí transcrito el contenido de aquella inscripción por si alguno o alguna de vosotros le encuentra algún sentido. Dice así:

Si el que tiene el dinero es el cliente.

y si el cliente siempre tiene razón.

entonces… el dinero siempre tiene razón”.

¿Será esa la semilla del diablo? ¿O tal y como declaró Keiser Söze (¿o fue Baudelaire?) “el mejor truco que inventó el diablo fue convencer al mundo de que no existía”?

Artículo publicado originalmente en LinkedIn el 16.04.2022

(Photo by Master Wen on Unsplash)

Comunicanción (o qué pueden aprender las marcas de Jaime Altozano)

Altozano no da una charla para provocar admiración; cuenta lo que le sorprende y/o emociona desde su perspectiva de musicólogo, y nos invita a mirar (y escuchar) de otro modo un mundo que se nos presentaba como algo aburrido y hasta cierto punto opaco.

Los vídeos de Jaime Altozano son para estudiarlos, por lo menos, con el mismo detalle con el que él descompone las composiciones musicales de cualquier estilo y época.

Para empezar, porque niega la mayor en muchos de todos esos mantras del marketing que se asumen sin pensar, sin reflexionar, sin adaptar a cada momento y cada caso. Por citar algunos ejemplos:

“Nadie presta atención más de unos segundos”. Cada vídeo de Altozano es una mina en ambos sentidos, de cantidad de contenido por extraer, y de explosión que se lleva por delante el absurdo de que el tiempo de atención es algo que se pueda medir. Una gran mayoría de los comentarios de sus espectadores mencionan explícitamente que “40 minutos se devoran como 5”. Un contenido se hace pesado o ligero, y en función de eso, se percibe como largo o como corto. Poner un límite previo solo tiene sentido cuando te cobran cada segundo, como en las franjas publicitarias. En los contenidos “gratuitos” lo esencial no es la brevedad sino la ligereza.

“Se tiene que contar pa’ tontos”. Otra confusión. Una cosa es utilizar lenguaje técnico para que no te comprenda nadie y otra para que todo el mundo aprenda. Altozano es un influencer que habla de musicología sin renunciar a usar cuanto tecnicismo sea necesario. Sus millones de suscriptores pueden no saber el significado de “modo frigio”, “melisma”, “arpegio” o «por sextas y por quintas». Y sin embargo, eso no les echa para atrás, sino que, precisamente, les atrae, porque Jaime se toma el tiempo de explicar de un modo tremendamente sencillo, con referencias de lo que la gente conoce, con demostraciones en su teclado, y no deja que ningún espectador se pierda. Sus vídeos son una constante vuelta sobre la única regla inamovible de la comunicación eficaz: pensar antes en el otro que en uno mismo.

“Eso no le interesa a nadie”. Igual que a nadie le interesa la cosmología, pero ahí estuvo Carl Sagan. Igual que a nadie le interesa la oceanografía, pero hubo un Cousteau. Como diría Forrest Gump, «aburrido es el que aburre». Altozano, al igual que los mencionados anteriormente, no da lecciones desde el púlpito, no marca distancias sino que las acorta. No habla mirando desde arriba sino a la altura de los ojos. Y la gente lo apreciamos con entusiasmo, eso está claro.

“No se puede hablar igual a jóvenes que a mayores”. Al contrario. Altozano se marca vídeos de autores más que muertos y enterrados, y los “resucita”, los trae de vuelta al mundo actual con referencias de lo que nos rodea hoy, en nuestra vida cotidiana. Y de igual manera capta la atención de un público mayor, que apenas entiende una palabra en la letra de un reggaeton. No es el tema o el léxico lo que excluye a una audiencia.

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El canal de Jaime Altozano da mucho más de sí. Para empezar, sus contenidos son los que asociaríamos de manera natural con la 2, pero su espíritu no. Y en eso se emparenta con otros “divulgadores” (todos ellos -y quizás no por casualidad- barceloneses): Punset, Évole y Gener. Incluyo a Évole, porque en su forma de entrevistar -al contrario que la mayoría de los periodistas que adoptan un rol equiparable al de los protagonistas a los que entrevistan- él opta por un papel mucho más cercano, más fácil de identificar con el espectador anónimo.

El propio Altozano deja bien claras sus premisas cuando le preguntan. Entre otras, hablar de lo que le interesa o le interesa a sus seguidores; hacerlo de un modo que sea emocionante, con un arco narrativo que pulsa a veces la intriga y el suspense, a veces, la comedia, o en otros momentos la ternura. Altozano no da una charla para provocar admiración; cuenta lo que le sorprende y/o emociona desde su perspectiva de musicólogo, y nos invita a mirar (y escuchar) de otro modo. Abre las puertas de un mundo que se nos presentaba como algo aburrido y hasta cierto punto opaco, y recibe el reconocimiento -merecido, agradecido- de quienes hemos sido tratados con generosidad por quien, en principio, no tenía ninguna necesidad de dedicarnos tanta atención.

COROLARIO

Cuando las empresas se plantean sus canales de Youtube sería recomendable que se miraran antes el de Jaime. Aparte de los puntos que he recogido en este artículo, descubrirían muchas más claves para poder abordar su comunicación en redes y definir sus contenidos con cierta probabilidad de repercusión, algo que, de todos modos, tendrán que aprender tarde o temprano, porque la audiencia estará cada vez más ahí, justo donde está Jaime Altozano.

Artículo publicado originalmente en LinkedIn el 8.04.2022

(photo: captura del vídeo «Análisis de Motomami», del canal de Youtube de Jaime Altozano)