Mi año de la rata

2020 ha sido un año estimulante, sin duda, para la reflexión, para la improvisación también, para el intercambio de ideas, ocurrencias, pensamientos fugaces con los que intentar aprehender una realidad tan irreal como la que -cada uno a nuestra manera- estábamos viviendo. Este post recoge esos pequeños textos desperdigados por mi perfil de LinkedIn

Marzo

Deja vu. 2005. Gripe Aviaria. Con una diferencia al actual coronavirus. Entonces el aislamiento físico no había coincidido -como ahora- con una sociedad cada vez más aislada virtualmente. Una nueva vuelta de tuerca. Por aquel entonces las librerías de Hong Kong agotaron las existencias de “La Peste”, de Albert Camus.
“A partir del momento en que la peste había cerrado las puertas de la ciudad no habían vivido más que en la separación, habían sido amputados de ese calor humano que hace olvidarlo todo.”
Hoy agotamos netflix.

vídeo del programa Fahrenheit, Canal 9, año 2005. Realizador: David Hermoso


En momentos como este es cuando me imagino que todas esas grandes empresas que declaran que su visión corporativa es ayudar a mejorar la vida de las personas y las empresas están inmersas en buscar la manera de demostrarlo.


Pedro, Pablo, el otro Pablo, Inés, pero también, y muy especialmente, Ana P, Jose María, Juan, Florentino, Amancio y tantos otros líderes que regís nuestra vida económica y social: este es un mensaje para vosotros en este momento que lo debéis estar pasando muy mal, y se os nota preocupados por la que se os viene encima. Ya veis que todos estamos deseando ayudar, cada uno con lo nuestro. Así que tenéis la oportunidad de demostrar que sois algo más que delegados comerciales de votos y acciones, porque ahora es cuando necesitamos visión de conjunto y poder confiar en vuestro liderazgo.


No sé en vuestro barrio, en el mío suenan más los aplausos que las cacerolas. Puede ser por muchos motivos pero tiendo a pensar que en estos momentos nos importa más que los héroes no decaigan a que los villanos caigan. Cada cosa tiene su momento y sus prioridades. Primero Normandía, después Nuremberg.


En realidad solo hacen falta ochenta días para darle la vuelta al mundo. Y ya llevamos diez.


Y ahora, más que nunca… WHO watch the watchmen?

Abril

TELÉFONO. MI CASA.
Ahora que el móvil ha vuelto a ser fijo hemos recuperado frases de cuando hablábamos pegados a las mesillas o a las paredes: “¿cómo estás?” en vez del inquieto “¿dónde estás?” de las últimas décadas.
A cambio hemos incorporado la despedida anglosajona más allá del mero formalismo: “¡cuídate!”
La vida no es que siga igual, como decía Iglesias (Julio), sino que, como decía Goldblum (solo hay uno) en “Parque Jurásico”, “la vida siempre se abre paso”.
Antes de que nos extingamos conviene recordar que las palabras importan pero más por lo que dicen de nosotros que de los demás. Que lo que para unos son críticas para otros suenan a quejas; que lo que para unos es argumento a otros les parece adulación. Y sin embargo, lo importante de todas ellas es que sean palabras dichas. Que tal vez no les damos valor mientras las tenemos de gratis pero siempre, siempre son preferibles al silencio forzoso. No vaya a ser que un día las echemos en falta como ahora echamos en falta el sencillo ejercicio de caminar por la calle. Cuidado con los deseos rabiosos, que sin darnos cuenta alguien los podría convertir en una triste realidad. #quedateencasa

EL TAMBOR Y LA ORQUESTA
La primera semana se tocó zafarrancho. Ante el previsible desorden fruto del ataque se ordenó que todo el mundo se aprestara a seguir la disciplina. Para conseguirlo, como es norma, se recurrió a los tambores. Era necesario que todos marcháramos al unísono, como un solo hombre, al mismo paso. No solo por la disciplina sino también por la necesidad de ofrecer a todos al mismo tiempo algo de tranquilidad en medio del caos. Una orden sencilla, todos a las trincheras, y un ritmo machacón, constante, para que nadie se apresure, para que nadie se rezague. Misión cumplida. Pero pasan los días, y las fuerzas se resienten. Algunos por la desmoralización, otros porque les hierve la sangre por hacer algo más que esperar impacientes, los más por desvelar la incertidumbre de cuál será el próximo paso. El golpe del tambor ya no es suficiente para cohesionarnos. Lo hemos asimilado como un ruido de fondo. Necesitamos encontrar otra música a medida que pasa el tiempo de asedio. Menos basada en el ritmo y más en la armonía. En encontrar cada uno su papel y su modo de contribuir a algo más grande que uno mismo, pero con su propia voz. Necesitamos pasar de la marcha militar a la sinfonía. Heroica o no, pero sinfonía al fin. #elvirusloparamosentretodos #quedateencasa #covid19

CONCLUSIÓN
La inclusión fue una de las primeras víctimas de la reclusión.

OXIMORONIA
Estos días la historia “oficial” nos habla de…
… estar unidos en la separación
… ser solidarios en el aislamiento
… la espontaneidad de aplaudir todos los días a las ocho
… consumir con ansia y sin ingresos
… medir el caos minuto a minuto

Esta narrativa de la paradoja me recuerda a la publicidad de fiambre de pavo, que decía era algo muy sabroso.

Suena a que vivimos en el Reino de Oximoronia, en el que toda contradicción suena lógica si es lo que deseamos oír.

SENDA
Mi libro de lectura, allá por la EGB, se llamaba Senda, y compilaba textos, poemas, fragmentos de novelas, fábulas… todo aquello que servía para que el quinto de chavalería galopara por los caminos de la literatura. Se llevaba entonces aprender de memoria algunos de los poemas más famosos de Darío, Bécquer, Machado o Quevedo. La triste princesa, las oscuras golondrinas, la monótona lluvia tras los cristales y el hombre a su nariz pegado. Los recitábamos todavía sin sentido ni musicalidad, esforzándonos más en no equivocarnos que en entenderlos. De todos ellos, hoy que es viernes y somos miles de millones los robinsones esperando un mensaje de rescate embotellado, me vienen a la cabeza las “Coplas a la muerte de su padre”, de Jorge Manrique. En estos días cobran tanto o más sentido, cuando es a nuestros padres a quienes les viene la muerte por miles, tan callando. Sin embargo, más allá de la elegía, el poema es un tutorial tan certero que ya lo quisieran para sí legiones de “coaches”. Basten sus dos primeros versos: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte…”

en la voz de Carlos Hipólito las célebres estrofas iniciales: https://youtu.be/6Jmp9cPFfxE

#coronavirus#covid19#quedateencasa


Todos fabricando, buscando mascarillas y respiradores, de tela, de plástico, de reciclado, DIY o industriales adaptadas… Todos desarrollando apps de telecharla, telecurro, telellevo, telemido… pero ninguna capaz de conectar un monitor en el que veinte o dos, o doscientos ancianos en una sala o en un pabellón o en una habitación reciban los mensajes de amor de sus familias, aunque fuera una foto, un texto, un vídeo moviendo la mano, enseñando eso que le pueda provocar una sonrisa o una lágrima pero algo mucho más personal que ser un número en la estadística de cada día. ¿No tenéis esa sensación de que abandonamos al que damos ya por perdido? Justo ese rasgo que fue el que nos convirtió en civilizados. #elvirusloparamosentretodos #quedateencasa #aplausos #covid19 #blablabla

IRREPETIBLE
No ha habido otro atentado como el de las Torres Gemelas. Pero no podemos vivir ignorando lo que ocurrió, así que desde entonces nuestra vida sigue protocolos y obedece normativas en previsión de que pudiera volver a suceder en cualquier momento.
Puede que no vuelva a haber una pandemia como la del Covid-19, pero tampoco volveremos a vivir ya como si no pudiera surgir de nuevo, mañana mismo. La opción -si es que la acepta, Sr. Hunt- es “volver a la normalidad” que se va a ir creando, así, en impersonal, o dar el paso para intentar crear esa normalidad que nos gustaría tener.

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Ayer leí una entrevista en la que un ingeniero venía a congratularse de algún modo de que la pandemia del #covid19 hubiera sucedido en este momento tecnológico. “Internet nació para cosas así”, decía, aludiendo a la capacidad de la Red para absorber casi de inmediato un aumento de volumen, de tráfico, descomunales. Pero -será que es viernes de la cuarta semana de encierro- se queda uno pensando por un segundo… “¿y si internet nació para una cosa asi?”. El sesgo distópico es pensar en esa simbiosis. Hace un año escribía que pagaríamos, si no alegres, convencidos, el alquiler de las celdas en las que nos encerraríamos. Sinceramente, no creí que fuera a ser tan prontito. #quedateencasa #hedichoencasa

Mayo

LA VIDA EN GPS
Incluso para los más callejeros de nosotros llegó el momento en el que nos acostumbramos a no conducir por la ciudad que conocíamos como la palma de nuestra mano sin poner antes en marcha Google Maps, Waze o una app similar. Desde ese momento, y por mucho que te sepas los mil y un vericuetos que has ido aprendiendo con los años, ya siempre te queda la duda de si salirte del camino subrayado, de probar otro itinerario. Como en las antiguas cartas marinas del terraplanismo, salirte de la línea activa la alarma del “más allá hay monstruos”, hasta el punto de llegar a olvidar que, más allá, lo que había en realidad era otro continente. Geoposicionarse nos da tanta seguridad que para qué arriesgar en busca de un beneficio de apenas unos minutos. Y así, aceptamos como en Oz la voz que nos dirige, “la próxima salida a la izquierda”, “más allá, gire a la derecha”, “manténgase en el carril”, “continúe dos km, diez, ciento ochenta km más”.

Ahora que entramos ya en la ochentena (¿se puede decir?), preparados para la geolocalización ciudadana preventiva (¿se puede imaginar?), no resulta nada extraño que nos dejemos guiar sin aprender el camino, sin anticipar el trayecto, atentos solo a la siguiente instrucción. Espere. Salga. Incorpórese. Vuelva al carril. Recalculando…

DESCONFI(N)AR
Desde hace tiempo venimos desplegando una sociedad de la desconfianza. El 11S nos hizo desconfiar de lo árabe. Lehman, de los banqueros y también de los países pobres. Los refugiados, de cualquier desesperado. El #covid19 nos ha llevado a desconfiar los unos de los otros, de los que pasean al perro y de los que no aplauden, de los que hacen un ERTE y de los que piden la paga; de los teletrabajadores o los teleprofesores, de técnicos y políticos. En nuestras redes sociales solo entran los que se nos parecen, celebran o reafirman. La crítica suena a queja, y la queja a ofensa. Estábamos ya aislándonos antes de que nos encerraran.

Como el perro de Pavlov, al oír campanas salivamos con la esperanza de volver a las calles. Decepciona que nos preguntemos “¿cómo será?” y no “¿cómo lo haremos?”. ¿Es que seguiremos al dictado después de meses domesticados?

¿De verdad nos podemos considerar desconfinados siendo cada vez más desconfiados? Los desafíos de este futuro bien por aceptar o bien por construir requieren una cohesión ahora mismo muy debilitada. Haríamos bien en pensar cómo nos protegemos de contagios, sí, claro, pero sin ceder a la fácil solución de evitarnos los unos a los otros. Así no hay sociedad que se pueda considerar como tal.

Menos coraza y más corazón.

Junio

HABLAR CON LOS OJOS
Las cámaras de vigilancia por reconocimiento facial se desesperan frente a un rostro enmascarillado (¿volveremos a Esquilache?). Ahora que le habíamos puesto tan fácil a la Máquina lo de saber qué sentíamos (en apenas tres decenas de emojis) cada vez que nos comunicábamos, reaparece la posibilidad de aprender a hablarnos con la mirada. Los jugadores de mus pueden hacer webinars sobre cómo decir una cosa con la boca y otra con los ojos. Suspendidas las efusiones nos besaremos y abrazaremos con pestañeos y brillo en las pupilas. Puede que incluso nos hagamos expertos en entender los verdaderos discursos de políticos y otros oradores anulando el volumen del receptor y así, en silencio, comprender su historia de play-back. En tiempos catastróficos los lenguajes de signos, tan sencillos, tan humanos, tan indiferentes al 5G, siempre vuelven.

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LA SOCIEDAD GASEOSA
Las “nuevos” protocolos de distanciamiento se apoyarán en la tecnología que tanto parecía que costaba incorporar a todos los aspectos de nuestra vida. Y así la digitalización universal tomará impulso con el distanciamiento. Ante la amenaza sanitaria la respuesta es “chipificarlo” todo; en Internet de las Cosas las personas nos cosificamos, de manera anónima, cuantificable.

Pretendemos conseguir así el mantener las distancias sin perder la cohesión necesaria para seguir siendo ese animal social, el zoon politikon. Más separados pero todos conectados. En eso nos vamos pareciendo cada vez más a la estructura de los gases. Las moléculas se expanden y tienden a ocupar mucho más espacio que cuando estaban concentradas en el estado sólido o líquido. La tecnología es la temperatura que va a permitirnos acelerar y multiplicar nuestros movimientos, expandirnos hasta límites que antes nos frenaban.

Solo hay una salvedad. Para ocupar el mismo espacio, un gas necesita muchas menos moléculas dando vueltas de aquí para allá. Su densidad es muy, pero que muy baja. Me pregunto si, salvando las distancias, por supuesto, en esa nueva sociedad gaseosa -¿volátil?- tenemos cabida todos.
#covid19#distanciamiento

Julio

FASE SIN-CERO
Seguramente es una minoría, pero quizás no tan pequeña la que preferiría seguir como hasta ahora. Claro que no en el sentido de sentir escalofríos ante la idea de ir a un hospital; ni tampoco en el de no tener la libertad de moverse sin permiso. A eso es difícil cogerle gusto. Sí a muchas otras cosas, quizás, pero no lo decimos. Salvo que nos pregunten. ¡Cómo mostrar aprecio por lo que ha matado a tanta gente! En la narrativa oficial, nada del #covid19 puede ser agradecido y todos estamos deseando volver a la vida de antes. Así lo declaramos en voz alta: ¡qué ganas de abrazos, cervezas, piel, calle!

Pero en este tiempo, muchos, creo, hemos descubierto que no echamos de menos a tanta gente, planes, movimiento, ruido o consumo como el que acostumbrábamos. Digo añorar, sentir que nos falta. Lo correcto es decir que esto ha sido una pesadilla, pero las pesadillas están hechas del mismo material que los sueños.

Sinceramente, entiendo a los que echarán de menos algunas o muchas de las costumbres que nos ha traído el encierro; algunas nimias, otras de mayor calado, todas ellas entremezcladas en una especie de magma que no siempre aflora, pero en el que nadan los deseos, temores e ilusiones con los que tomamos nuestras decisiones vitales. Y sí, también las comerciales.


A veces, en Oximoronia hay palabras que significan una cosa y la contraria. Pero hay una en especial que nos advierte que mantengamos la distancia y al mismo tiempo nos lleva a estar más cerca que nunca de los demás: CUIDADO

#covid19#distanciamiento

Septiembre

Sesgados como estamos hacia una manera de observar y comentar las actuaciones políticas como si fueran el resultado de decisiones (equivocadas o no, eso es otro cantar) de voluntades de partido, de evaluaciones técnicas o de ocurrencias de gabinete, cabe preguntarse si no estaremos soslayando la posibilidad de que cada medida esté siendo comunicada en la forma y momento en la que un algoritmo recomiende que es la más adecuada para conseguir una respuesta social predefinida. Dicho de otro modo ¿Y si el quid no está en si nos confinan o nos restringen o nos menean sino en cuándo y cómo nos lo dicen y para qué?

photo: Anthony Parkes (CC)